Quizás era la contemplación de las estrellas, cada punto de luz un sol lejano con sus propios mundos e historias, lo que activaba esa profunda sensación de conexión con lo inmemorial. La idea de que la existencia individual era solo un breve parpadeo en la inmensidad del cosmos podía generar una nostalgia por la totalidad de la experiencia, por las innumerables perspectivas que nunca llegaríamos a conocer.

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