Esa madrugada se teñía de una nostalgia cósmica, una añoranza por las posibilidades infinitas del ser y el no ser. No era un lamento, sino una contemplación humilde de nuestra pequeña pero significativa parte en el gran tapiz del tiempo, un eco resonando con los ecos de incontables vidas que nos precedieron, dejando tras de sí un susurro persistente en el silencio de la noche.

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